Physical Address
304 North Cardinal St.
Dorchester Center, MA 02124
Physical Address
304 North Cardinal St.
Dorchester Center, MA 02124

Hija de padres chilenos que migraron de Chile a Canadá durante la década de 1980, nació en Canadá, pero cuando tenía 1 año, por primera vez, regresó a Chile. Con una historia marcada por la migración infantil, cuenta que: “nunca me siento completamente de acá ni de allá”.
Su infancia estuvo marcada por el amor de su abuela materna en el norte de Chile, por la solidaridad, esa parte de la idiosincrasia chilena: siempre había un plato en la mesa para alguien más.
“Ella era de La Higuera, muy de campo. Me dejaban jugar con barro, andar libre, aprender a hacer de todo. Ella siempre decía que yo tenía que saber hacer de todo para no depender de nadie. Y creo que eso me marcó profundamente”.
La psicóloga
Su sueño siempre fue ser psicóloga clínica. Sus estudios universitarios los realizó en Chile y egresó a los 22 años: “En este ir y venir entre países terminé el colegio a los 17 años”, lo que no solo fue un reto académico, sino también uno de los más importantes que ha enfrentado en su vida: ser madre-estudiante.
Comenzó trabajando con un abogado penalista, donde le tocaba realizar peritajes en las cárceles del norte de Chile; después derivó en peritajes para el tribunal de familia y ahí comenzó el verdadero punto de inflexión, que la llevaría a migrar, pero esta vez por decisión propia. “Me encantaba la psicología forense, pero empezó a afectarme emocionalmente”.
El quiebre: Derechos de la infancia
Lo que la llevó a tomar la decisión migratoria no fue solo una oportunidad; fue un quiebre ético. Dominique relata que comenzó a verse afectada emocionalmente al trabajar en un sistema en el que sentía que los derechos de los niños no estaban realmente protegidos.
“Cuando me di cuenta de que en Chile no existía una ley que respetara y cuidara verdaderamente los derechos de los niños… eso me quemó.”
Las metapericias —procesos en los que debía cuestionar informes psicológicos de víctimas de abuso— comenzaron a afectarla profundamente, hasta el punto de que sólo alcanzó a realizar 2 antes de tomar la decisión de migrar. A eso se sumaban su propia historia de abuso en la infancia y el miedo a que su hija creciera en un entorno similar.
Cuando le pregunté si algo en su vida en Chile la había preparado para migrar, su respuesta fue clara: “La maternidad.”
Ser madre le dio habilidades emocionales, resiliencia y foco. También haber crecido con un padre lejos le enseñó que la distancia no es abandono: “La distancia la hace uno.”
La decisión
La idea de migrar se fue implantando en Dominique, luego de su embarazo. Paulatinamente, fue apareciendo esta idea, la que finalmente fue tomada en medio de una mezcla de sentimientos: no lograr desarrollarse profesionalmente, el temor de estar tomando las decisiones correctas o no para su hija, y su mayor miedo: hacerlo sola siendo madre soltera.
Como toda decisión fue previamente conversada en el círculo íntimo, donde encontró su mayor apoyo, un padre presente que le decía: «Hija, Canadá es tu lugar seguro», y a la vez su mayor detractor, el padre biológico de su hija, quien se oponía rotundamente al cambio de país. Ahí hubo tensiones, trámites para obtener permisos de salida, procesos complejos, hasta concretarlo
El aterrizaje: Primer año en Canadá
El primer año estuvo marcado por la inseguridad idiomática. A pesar de que ella estudió parte de su etapa escolar en Canadá, la barrera idiomática seguía presente en su vida y no fue hasta 2019 cuando decidió estudiar migración, lo que la enfrentó directamente. Pero eso no fue el comienzo, los inicios estuvieron marcados por una reinvención total, su inseguridad por el idioma, la llevó a trabajar en limpieza por un tiempo, incluso llegó a sentir que su título de psicóloga no servía para nada. El clima, la locomoción, los sabores, la distancia… todo fue un shock. “Me sentía muy atascada y no me creía capaz.”
Dentro de las diferencias culturales, lo que más llamó su atención fueron cosas simples, como sacarse los zapatos antes de entrar a una casa, ver a la gente hacer la fila en el supermercado y que cada uno respetara su turno, ser cuidadoso del espacio personal del otro, y, por sobre todo, la autonomía. Pequeños códigos culturales que revelan diferencias profundas.
Estrategias para no perderse y Mindfulness
Cuando le pregunté cómo no perderse en el duelo migratorio, su respuesta fue concreta: caminar, salir a conocer, estudiar, trabajar. Durante la pandemia, creó su primer perfil de Instagram: Reflexión y Conciencia. Luego entendió que debía posicionarse con su propio nombre. “Yo creo que recién ahora me estoy reencontrando. Estaba muy apagada.”
Hoy tiene un perfil de Instagram llamado: Mindful chilena, el cual es una historia muy antigua, “Yo creo que esto comenzó cuando terminaba mi proceso de psicología. Nuestra tesis fue sobre hipnosis; trabajamos una técnica específica y ahí comenzó todo. Por otro lado, una de mis compañeras —que es una de mis mejores amigas— siempre estuvo muy conectada con la parte más intuitiva, meditativa, terapéutica. Entonces eso también influyó”.
Para Dominique el mindfulness tiene que ver con la conexión con lo que uno siente a nivel emocional y corporal. Estar consciente de lo que va sintiendo. Porque muchas veces los procesos de duelo o los procesos traumáticos hacen que uno se desconecte, que se disocie. Entonces el mindfulness te lleva al aquí y al ahora, a transitar todas las emociones. “Y también tenemos que entender que las emociones no son ni buenas ni malas, simplemente son emociones. Uno tiene que aprender a transitarlas y a conectarse con ellas.”
¿Qué significa para ti habitar el presente estando entre dos países?
“Creo que es reconstruirme. Es refugiarme en la comunidad que estoy empezando a conocer ahora, una comunidad que me ha gustado mucho y que me ha llevado a salir de mi zona de confort. También hubo un momento muy fuerte en mi proceso: en 2021 falleció un primo por Covid. Vivir la muerte de alguien estando fuera del país es muy potente. No poder estar en los funerales, estar acá en pandemia mientras toda mi familia estaba en cuarentena… eso me hizo crecer muy rápido. Habitar el presente también es hacerme cargo de mí como mujer migrante. No solo como madre, esposa o hija, sino como mujer. Dar mi punto de vista con todo lo que sé, ocupar mi historia para incentivar a otras mujeres que estén en procesos parecidos.”
“Para mí es más un proceso de conciencia. No soy muy espiritual en el sentido religioso. Estoy aprendiendo esa parte, pero no desde el ámbito religioso. Para mí es más un proceso de responsabilizarse de las conductas que uno tiene, de lo que uno verbaliza, de lo que uno hace. Aprender un nuevo idioma también te cambia. Empiezas a automatizar cosas nuevas, incluso en la forma de ser. Entonces sí, es un proceso muy profundo.”
Salud emocional y migración
“Necesito enfocarme en mis habilidades. Soy mamá, soy chilena, trabajé en duelo y en vulneración de derechos.” Así empezó con el que ahora es el mayor de sus orgullos, poder ser psicóloga en Canadá.
Dominique con su trabajo espera tener un impacto concreto en mujeres migrantes, darles herramientas para que puedan reconocerse en la resiliencia, “El simple hecho de haber decidido migrar ya habla de la persona que eres. Quiero que se den cuenta del potencial que tienen. Me gustaría generar una comunidad bonita de mujeres migrantes —no solo chilenas— donde se vean como poderosas.”
Como buena psicóloga, tiene identificadas sus falencias tambien, “soy una persona que tiende a disociarse ante experiencias de vida. Soy sobreviviente de abuso sexual. Viví con un padre que estaba fuera del país. Viví relaciones con violencia. Entonces tiendo a disociarme emocionalmente. Pero, cuando estás en un proceso migratorio donde estás completamente sola y no puedes escapar de tus emociones, tienes que aprender a transitarlas.”
“Antes me disociaba demasiado. Ahora me permito sentir, porque sé que si no lo hago, eso se manifiesta en el cuerpo: dolor de estómago, pérdida de voz, síntomas físicos. También me ayudó a no enfocarme en lo que no tengo, sino en lo que puedo hacer con lo que tengo ahora: con las herramientas que tengo ahora, con el dinero que tengo ahora.”
Frente a la pregunta: ¿Te sientes más chilena o más canadiense? Sin dudar dice: “Me siento súper chilena. Me gusta hablar de Chile, me gusta su cultura, su gastronomía. Pero también sé que no podría volver a vivir allá”.
“Me gusta saber que mi hija puede volver del colegio y que no la van a violar. Me gusta el orden, las leyes, que se resguarden los derechos.”
“Siento que me reconstruí completamente. Sé quién soy. Sé que quiero contar mi historia. Sé que quiero contar que fui sobreviviente de abuso sexual. Sé que quiero contar que soy migrante. Hay muchas partes de mí que son muy bonitas. Y eso me hace única.”